Una visión de futuro

Una visión de futuro

Una visión de futuro

vision de futuro

He pasado un buen rato pensando cómo comenzaría esta historia. En sí misma, es una historia sin importancia y es posible que tenga interés sólo para mí, pero se trata de algo a lo que aún no le encontré una explicación lógica, porque ante todo mi mente es racional y lógica y a todo tengo que encontrarle un porqué…

En los años de adolescencia siempre evité el salir de mi cuerpo de manera consciente, y desde luego intenté que no me sacasen de manera inconsciente… unas veces lo conseguía, otras no. Esta es una de esas veces en las que no.

Alrededor de los 21 años, una noche me desperté en ese estado donde sabes que tu cuerpo duerme y tu mente es totalmente consciente de que está despierta. Cuando eso sucedía intentaba por todos los medios cerrar los ojos y auto convencerme de que debía volver a dormir. Sin embargo, en esta ocasión giré mi cara y observé con atención mi habitación. Estaba oscura, sin embargo no tanto como para no posar la vista en el personaje que había al lado de la ventana. Era tan alto, que su cabeza rozaba el techo. Su figura la recuerdo fina, vestía un traje similar al de un fraile pero sin cordón en la cintura, largo hasta los pies y con capucha. Todo ello en color negro. Recuerdo que intenté mirarle el rostro, pero en el interior de la capucha solo había una oscuridad inmensa, todo negro. Lo extraño era que no tenía absolutamente ningún sentimiento de temor. Sólo le miraba y el parecía mirarme también. Me invitaba, mentalmente eso si, a levantarme y salir de la habitación.

-¿Bromeas? ¡Ni de coña!

Ja… Creo que nunca me acostumbraré a este tipo de cosas. De pronto me vi levitando en horizontal sobre mi cuerpo y con la nariz pegada a la litera que había sobre mi cama, lentamente mi cuerpo astral se desplazó hacia la derecha y una vez libre de obstáculos se trasladó fuera de la habitación. Siempre detesté y deseché la idea de atravesar la puerta de mi cuarto, al menos en estado consciente, porque siempre tuve la sensación de que algo malo pasaría. Sin embargo, ese visitante extraño parecía no admitir un no por respuesta, y me hizo llegar hasta el cuarto de mis padres.

Una vez allí observé la escena. Solo estaba mi madre echada en la cama y podía sentir todo lo que ella pensaba y sentía, era como un libro abierto. ¡Tenía tanto miedo! Estaba aterrorizada, tenía miedo a morirse. Al lado de la cama había un pequeño barreño con agua llena de sangre y algunas toallas también manchadas de abundante sangre. ¿De dónde saldría toda aquella sangre? Mientras tanto, en su mente sentía el llanto, el miedo, la desesperación, la soledad, la pérdida, el dolor, la angustia y la negación. No podía irse, no quería tampoco morirse, tenía aun muchas cosas que hacer y sobre todo no quería perder. ¿Perder qué?

Después de ver y sentir todo esto, ese personaje “me soltó” y salí disparada de nuevo hacia mi cama y mi cuerpo. Me sumí en un sueño profundo y a la mañana siguiente recuerdo que pensé: “menuda mierda de pesadilla” (con perdón), y me olvidé del tema y por supuesto tampoco se lo conté a nadie. Después de todo, ¿Quién me iba a creer? Pensarían que estaba loca y encima llamando a la mala suerte y en realidad todo lo que había sentido y visto carecía de sentido, eran cosas absurdas.

Tres meses después.

Aquella tarde no era una tarde como las demás. Sin embargo, haciendo caso omiso a las señales, mi madre decidió salir como de costumbre a pasear y a tomarse un café a media tarde, después de todo el día estaba bonito y ella necesitaba caminar y orearse.

Mientras estaba sentada en la cafetería de moda de la ciudad, comenzó a sentirse indispuesta y a sentir que algo no iba nada bien. Sentía algo caliente deslizarse entre sus piernas y era algo que ella no podía controlar. Se levantó y la hemorragia se hizo más patente y más abundante.
Tomó un taxi y se dirigió hacia el hospital y allí el diagnóstico fue claro:

– Señora, hay que hacerle a usted un legrado, deberá permanecer hospitalizada algunos días.

Dos meses antes le habían dado la noticia de que estaba embarazada. Le costó digerirla y aceptarla. ¿Un embarazo a los 40? Sin embargo, después del shock inicial estaba pletórica de felicidad y deseaba ese embarazo con toda su ilusión. ¿Legrado? El médico debía estar majara. Pidió el alta voluntaria y se fue a casa.

Durante una semana guardó reposo en casa, yo la cuidaba, sin embargo las hemorragias eran frecuentes y no cesaban. Definitivamente mi madre había perdido a su bebé pero se negaba a admitirlo. Uno de esos días donde la ayudaba a asearse después de terminar, el barreño, las toallas ensangrentadas, el agua roja, su cara de dolor y de pérdida dispararon en mi mente los recuerdos de lo visto meses antes… Ya había vivido esa escena y ese ser me obligó a verla. ¿Por qué?

Como dato informativo mi madre finalmente tuvo que ir al hospital y los médicos ya la esperaban, lo que no se explicaban era porque había tardado tanto en ir. Le practicaron el legrado y recobró su salud física. La pérdida ya era otra historia.

Como reflexión dejo algunos pensamientos:

¿Quién era ese ser?
¿Por qué me obligó a contemplar esa escena?
¿Realmente todo está escrito en nuestra línea de tiempo?
Si hubiera contado mi visión… ¿Podría haber evitado lo que sucedió?

Son preguntas sobre las que no creo que vaya a encontrar respuestas nunca, es una de esas experiencias de archivo personal que están ahí para recordarme que somos seres realmente especiales, que tenemos un alma que habita un cuerpo y cuando ese cuerpo deja de servirnos como vehículo el alma simplemente sigue estando ahí. Pero sobre todo el sentimiento es de que no estamos solos.

Annabelle.



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